martes, agosto 23, 2011

Carlos Barbarito. El crujido de la madera...

Jerry Uelsmann


(A Eduardo Santellán, en memoria)


El crujido de la madera,
el zumbido de una mosca,
sólo eso altera el silencio.
En la mesa un vaso que se quebró de pronto.
En la pileta un poco de agua
que de a poco se enturbia.
Un libro que envejece en un estante,
una sombra que ahora se disipa.
Hoy tal vez sea esta casa todas las casas.
Donde el aire se consume y el espacio se estrecha.
Hoy tal vez hasta en las pupilas
del animal que busca madriguera,
al borde de la selva o el desierto,
se refleja la casa.

miércoles, agosto 17, 2011

Carlos Barbarito. En el despojo, en el vacío...

Fotografía de Matt Nighswander




En el despojo, en el vacío
que sobreviene al final de la conversación,
en la hora sin boda ni cosecha,
en el ilícito sin testigo,
en el oráculo impreciso,
en la boca desdentada,
en el idioma olvidado;
cuando el pastor extravía su rebaño,
cuando ni la sombra
encuentra sosiego, purgatorio,
cuando el paisaje no cambia,
el sueño se vuelve roca,
cuando pareciera no existir escapatoria
ni por arriba ni por abajo;
¿dónde la ciencia y dónde el milagro,
la casa para el errabundo,
el fruto para el amante,
el rayo verdadero, que no nace
de la tormenta, la terca vibración,
el insistente llamado,
el súbito despertar
como quien surge de la tempestad,
el torrente?

jueves, agosto 11, 2011

Carlos Barbarito. Una hilera de luces hacia el océano...

Канопус Киля


Una hilera de luces hacia el océano;
me detendré ante cada luz,
le daré un nombre que sólo yo conoceré
y seguiré. Me pregunto
qué relámpago alumbrará el agua
cuando mi pie deje la primera huella
en la arena, qué ola
saltará entonces desde el horizonte hasta la orilla,
qué bandada me sobrevolará
con batir de alas y graznidos.
Pero aún no es la hora de la partida.
Deberé esperar todavía,
el final de la esquila y la siega,
la llovizna sobre las ramas secas apiladas,
ante mis ojos el esfumarse de las caras amadas,
los lugares amados, sin transfiguración posible.

martes, agosto 02, 2011

Carlos Barbarito. Oscurece, para el pez...




Oscurece, para el pez,
las piedras, el moho en los muros, nosotros;
cae la luz como cae la manzana
bajo el peso de la tormenta,
el telón con el final de la obra,
el deseo que se sacia o se frustra.
Deviene la oscuridad,
la cíclica escena de lo oscuro:
el hijo regresa al muslo del padre
y el padre al hueco de un árbol sin ramas.
Se presenta del fuego la ceniza,
del amor la cueva, el eco,
de cada rostro una nube
que no lo configura ni anticipa.
El aire se vuelve follaje
y el follaje, denso, tal vez impenetrable;
de un lado, los que se preguntan por el día
sin conseguir respuesta,
y, del otro, los que, hartos de preguntas,
hienden a tientas el tallo
y nada más obtienen el acíbar.

Fotografía de Sally Mann