martes, agosto 02, 2011

Carlos Barbarito. Oscurece, para el pez...




Oscurece, para el pez,
las piedras, el moho en los muros, nosotros;
cae la luz como cae la manzana
bajo el peso de la tormenta,
el telón con el final de la obra,
el deseo que se sacia o se frustra.
Deviene la oscuridad,
la cíclica escena de lo oscuro:
el hijo regresa al muslo del padre
y el padre al hueco de un árbol sin ramas.
Se presenta del fuego la ceniza,
del amor la cueva, el eco,
de cada rostro una nube
que no lo configura ni anticipa.
El aire se vuelve follaje
y el follaje, denso, tal vez impenetrable;
de un lado, los que se preguntan por el día
sin conseguir respuesta,
y, del otro, los que, hartos de preguntas,
hienden a tientas el tallo
y nada más obtienen el acíbar.

Fotografía de Sally Mann