lunes, abril 11, 2011

Carlos Barbarito. Ojo de cernícalo, desde arriba...

Ojo de cernícalo, desde arriba.
Se abre. Mira. Quién bebe
de la botella del Juicio, el agua blanca;
la era yace en su obstinación,
no se levanta, no se convierte en espiga.
Quién encuentra quietud
en el pasillo profundo, en la continua mudanza;
de qué conversa la sombra con su sombra,
en qué lengua, cómo sostiene,
sobre su espalda, el peso de la gramática.
Hace frío. En la boca del caballo, el freno.
No nace hijo en la espuma.
No nace hija en la ceniza.
Qué se lleva el olor, el vestido,
el pasaje de tren hacia el mar, Bizancio;
quién se abanica en ausencia de aire, sin reposo,
quién salva la última vértebra de Virgilio,
quién captura al relámpago,
se tiende, desnudo y vivo, luego de la infancia.
Ojo de cernícalo, se abre y mira.