martes, abril 05, 2011

Carlos Barbarito. Dos poemas inéditos

Bill Brandt, Nude, London, 1950’s circa.



Humo, hojas, humo de las hojas...



Humo, hojas, humo de las hojas

que ardían, en el mediodía fugaz, eterno.

Allí, entonces, dijiste y dije,

como si el último juicio se acercase

y quedara sólo una última instancia

antes del trueno y la trompeta.

Dijiste: Todo esto es un mal sueño,

muslo de niño traspasado por el filo de una sombra.


Dije: Pero, ¿y la huella de los pies

en el barro, las tazas llenas

que nos aguardaban, las sábanas vacías,


que nos aguardaban, horas

en que, húmedos y desnudos,

fuimos el reverso del ángel,

el anverso de la centella?


Brassaï

Sucede. En la llegada o la partida...



Sucede. En la llegada o la partida

(¿de qué otra cosa se componen

los días?), en la desnudez,

cuando no nos acercan ni un pronombre,

ni una lámpara, pero también

cuando andamos vestidos

y cruzamos el jardín –a salvo,

pensamos-. Sucede.

En el agua del delfín,

en el agua que sueñan los sedientos,

en la tierra de las semillas

y las cenizas, en la tierra

donde el lobo conversa con su sombra.

Acontece. Sucede siempre.

Aunque el perro arañe la puerta,

suene música de órgano,

la noche se cierna sobre los aleros,

la sábana se convierta en sudario,

el gallo se olvide de anunciar el alba,

un dios, cualquier dios,

un patético remanente del que Fuera,

anuncie un nuevo diluvio,

con desgano, sin que ninguno lo oiga.