viernes, julio 17, 2009

Carlos Barbarito.Virginia Woolf, 1931.

El libro, repleto de frases, en el suelo.
La mujer de la limpieza lo barre,
junto con pedacitos de papel, boletos de tranvía,
papeles estrujados en forma de bollos.
¿Qué está escrito en el libro?
El amor forma nudos, el amor los rompe.
Ahora no volveré a ir a este lugar. Está vacío.
La hoja muerta descansa en el cerco.
Sólo hay una delgada sábana, ahora,
entre mi ser y las infinitas profundidades.

La mujer de la limpieza no sabe qué hay en el libro,
tal vez ni siquiera le importa.
Le importa, sí, que el piso esté limpio
y el libro y los papeles y los boletos,
donde corresponde, debajo del escritorio, en el cesto.

Carlos Barbarito. A lo que ya no respira, todo...

A lo que ya no respira, todo
lo que se asienta y reposa;
a lo que respira todavía,
un cuaderno de anchos márgenes
con nerviosas anotaciones
acerca de chispas, fulgores y olas.
¿Y yo? ¿ Indiferenciado
de mi sombra? ¿ Llama
sin atizador? ¿O tal vez,
aferrado a la primera o última voz
del coro, abriéndome paso
hacia una lejana leña que arde?
¿ Me sostiene una tela burda
o una tela suave, de la India?
¿ De qué antigua escena
con nudos, bordes y hollines convalezco?
¿ O no hay cosa alguna en el fondo,
ni el jadeo de un perro?
Toco el lado frío, frío
que en una mínima porción se concentra;
toco el lado opuesto, luego lo beso:
¿ dónde me sitúo realmente?
¿ En lo que ya no exhala olor?
¿ En lo despojado de gravedad y núcleo?
¿ En lo que aún halla cobijo en la grava?
¿ En lo denso, prieto, consistente?
¿ En lo que adquiere temperatura,
da paso al día, el cielo, las bandadas..?

Carlos Barbarito. Un largo trueno hueco...

Un largo trueno hueco.
Un andén, mojado y vacío.
Pero el viaje no comienza, ¿entonces?
La mirada, puesta más allá de la última casa.
Desde lejos, ecos del mar, de otras voces.
El puño que se cierra y tiembla.
Pero el viaje no comienza, ¿entonces?
Una lluvia gris, densa y persistente.
Cae sobre las vías, los tiznados galpones.
Espera, mira el reloj, se pregunta por la hora de partida.
Cierra los ojos, dice Nilo como dice bosque de Duino.
Y sombra de Byron, cántaros de Grecia, grullas y sudarios.
Pero el viaje no comienza, ¿entonces?