miércoles, abril 23, 2008

Luisa Futoransky lee sus textos y poemas. Viernes 25 de abril, 20 h. Centro de Arte Moderno. Madrid.

Luisa Futoransky nació en Buenos Aires en 1939. Entre 1965 y 1968 estudió Poesía Anglosajona con Jorge Luis Borges en la Facultad de Letras de la Universidad de Buenos Aires, al tiempo que recibía su título de abogado de la misma universidad. Años antes había realizado estudios musicales en el Conservatorio Municipal (Buenos Aires) bajo la dirección de Cátulo Castillo (1953-1961). En 1970 comenzó su travesía por el mundo que la llevó becada a la Universidad de Iowa, EE.UU., primero, y a Roma, Italia, después, donde realizó estudios de poesía contemporánea en la Universidad de Roma y en la Accademia Chighiana-Siena. En 1981 se radicó en Francia, en donde desde 1989 ocupa el cargo de Conferenciante en el Centro Pompidou, y desde 1995 es redactora de la agencia de noticias France Presse. Los trabajos de Luisa Futoransky merecieron varios premios y distinciones, entre los que se cuentan tres premios de poesía del Fondo Nacional de las Artes, Chevalier des Arts et Lettres (Francia, 1990) y diversos premios en España, Argentina y Francia. En 1991 recibió la Beca Guggenheim (USA) y en 1993 la del Centre National des Lettres (France). Ha colaborado recientemente en diversos medios literarios y periodísticos (Ars, L'Ane, Página/30, Página/12, Clarín, El Correo de la Unesco, World Fiction, Hispamérica, Basel Zeitung, entre otros), y ha realizado también trabajos para Radio France, el Ministerio de Cultura Francés y Radio Euzkadi (España), de la cual es Corresponsal desde 1986. Vive actualmente en París, en donde, cuando la niebla y el frío lo permiten, va a trabajar en bicicleta. Entre sus libros podemos señalar: Trago Fuerte (1963), El corazón de los lugares (1964), Babel Babel (1968), Lo regado por lo seco (1972), En nombre de los vientos (1976), Partir, digo (1982), El diván de la puerta dorada (1984), La sanguina (1987), La parca, enfrente (1995), en poesía; Son cuentos chinos (1983), De Pe a Pa (1986), Urracas (1992), en novela; y Pelos (1990), en ensayo.

miércoles, abril 16, 2008

Mensaje de Clemente Padín

Amigas, amigos:
del 23 al 25 de este mes, Abril 2008, se llevará a cabo el Congreso "Conceptualismos al Sur" en el Museo Arte Contemporánea de la Universidad de San Pablo, Brasil, coordinado por Cristina Freire y Ana Longoni. Luego, participaré en una serie de eventos de poesía experimental y performance en Rio Claro y Santa Gertrudis organizados por José Roberto Sechi, cerca de San Pablo.

No sólo me hace feliz que me hayan honrado con la invitación sino que, también, tendré la oportunidad de reencontrame con mis viejos amigos de los 60s., sobre todo Felipe Ehrenberg y Paulo Bruscky, cuántas historias...!

Como su nombre lo indica se trata de ubicar la trayectoria del Conceptualismo en nuestros países. En lo que a mi respecta hablaré sobre mi propuesta hacia un arte sin objetos, un arte efímero que fuera sólo acción que llamé, en aquel momento, arte inobjetal y que fuera publicada por Julien Blaine en su editorial DOC(K)S con el nombre de: DE LA REPRESENTATION A L´ACTION, en 1976.

El libro puede leerse, en español, en la wegsite de César Reglero, http://boek861.com También hay un par de notas en Escaner Cultural: http://www.escaner.cl , nros. 53 y 55.

Me encantaría encontralos allí pero soy consciente de las distancias y los tiempos.

Saludos fraternos,

martes, abril 15, 2008

Escrituras Visionarias / Ensayos sobre literaturas iberoamericanas, de Luis Bravo (Fin de Siglo, Montevideo, diciembre 2007)

“El arte fantástico amplía el espejo de las formas y de los tiempos, el arte visionario, pule el cristal de la mirada y descubre la imagen oculta”. He allí una apreciación que incluye sin restricciones a lo estudiado en cada una de estos ensayos. Apreciación que se complementa con esta otra, más cercana al lenguaje poético, de Paul Éluard: “lo fantástico se asienta en lo anecdótico, mientras que en lo visionario es la ´realidad interior` la que aparece como ´donne à voir`” .



Comparecen aquí obras escritas en lengua portuguesa -de Portugal y de Brasil-, y en lengua española, de España y del sur latinoamericano (Chile y Uruguay), que atraviesan los siglos XIX y XX, asomándose al formato cibernético del siglo XXI. Cada uno de esos sectores aparece representado por autores que, tanto en poesía como en narrativa, presentan estéticas particulares que convergen o emergen de un eje de amplio espectro en torno a lo visionario. No agotan ni acotan esa vigorosa vertiente cuya tradición se nutre de capas de escritura que se retroalimentan de los múltiples imaginarios que constituyen el corpus de las literaturas iberoamericanas.

Escrituras visionarias incluye obras de: Eça de Queirós / Joaquim Machado de Assis / Fernando Pessoa/ Álvaro de Campos / Conde de Lautréamont/

Vicente Huidobro/ Vicente Aleixandre / Armonía Somers / Marosa di Giorgio / Leonardo Garet / Julio Inverso /Alma Pérez (Tina Escaja)





Luis Bravo (Montevideo, 1957). Poeta y performer, crítico y ensayista, docente del Instituto de Profesores Artigas y de la Universidad de Montevideo.

Integró el grupo de poetas Ediciones de Uno (1982-1994), y co-organizó dos Festivales Internacionales de Poesía en Uruguay (1993;2006).

Desde 1986 fue crítico literario y columnista del Semanario Brecha; co-dirigió la colección “Libros de Brecha” (1994-1998). Actualmente integra el Consejo nacional de la Revista de crítica y teoría literaria Hermes Criollo.

Desde 1980 colabora en diversos medios nacionales (prensa escrita y radio) así como ha dado conferencias y ha publicado artículos en revistas especializadas y libros colectivos, en España, Portugal, Francia, México, Estados Unidos, Perú, Colombia, Chile, Argentina y Brasil.

En 2002 publicó Nómades y prófugos / entrevistas literarias (Universidad Eafit, Medellín, Colombia).

Escrituras visionarias obtuvo el premio Fondos Concursables 2006 (M.E.C.) en la categoría inéditos.

viernes, abril 11, 2008

Raúl Santana. Sobre el arte de Miguel Ronsino

Sus obras siguen siendo un perpetuo desborde donde sus abigarradas y caóticas visiones de la naturaleza adquieren un carácter simbólico, apenas contenido por la superficie del cuadro. No estamos ante serenos encuentros con el paisaje –aquellos que tantas veces han celebrado los artistas- sino ante selváticos laberintos que se erigen entre cielos premonitorios y la opacidad y negrura de la tierra con mutaciones e hibridaciones como cifras o señales de lo "ominoso"...

martes, abril 01, 2008

Luis Felipe Noé. El borde de Bordese.

No es fácil hablar de la obra de Marcelo Bordese porque el tiene el coraje de enfrentarse con la locura más allá de ella misma, o sea, no dominado por ella. Pero él sabe que "el yo es otro" de Rimbaud se revela cuando el yo puede ser conciente del otro o de lo otro pero en su propio yo. Bordese no le teme a la locura, le fascina, pero no como tema sino como método.

Hölderlin le inspira esta serie porque ahora - luego de una vasta obra - Bordese se anima a enfrentarlo. "Hölderlin me ha perseguido a lo largo de toda mi vida: de eso me di cuenta el día en que lo encontré". ¿En dónde lo encontró? En su propio yo encontró su locura como clarividencia. "Y de allí el blanco que siempre he asociado con el silencio y también con la soledad". En estas obras el color - muy propio de él - no grita, no adjetiva, pero no se calla. Existe como mera murmuración para dar, justamente, por contraste lugar a un blanco incandescente: la imagen apenas se enuncia. Hay un tiempo implícito: aparece la imagen para desaparecer. Bordese entra en el vacío donde lo espera Hölderlin, va hacia a él como un discípulo a escuchar al maestro. Quiere aprender su método de enfrentamiento con la Cosa, como llamó Lacan al blanco del que habla Bordese, al vacío, a eso innominado que se sabe de su existencia pero que nunca será reencontrado y que sólo puede ser representado por otra Cosa. Hölderlin le enseñó a Bordese "el modo de organización en torno a ese vacío", como diría Lacan, o sea, el método del alfarero cuando hace su vasija: La Cosa es el vacío. El blanco de Bordese es el espacio donde no hay línea ni color ni imagen, pero que se conoce porque del precipicio sólo se es conciente cuando uno se coloca en el borde. La línea que dibuja la imagen convocada por Bordese no es la protagonista. Ella se presenta humildemente en busca del silencio.