sábado, diciembre 29, 2007

Entrevista a Carlos Barbarito en Tu-pak, Buenos Aires, 1, 2006 (fragmentos)

Picasso decía que el olor del opio era el menos estúpido del mundo. No uso sustancias pero, supongo, los artistas que recurren a ellas lo hacen para alcanzar otros niveles de conciencia. Se me ocurre ahora pensar en la poesía como una sustancia a ser trabajada, filtrada, destilada, asimilada. Aquí estamos en el territorio de la Alquimia. Y en este sentido, como en la obra de los alquimistas, la sustancia con que uno experimenta, la poesía, es algo no ajeno, exterior a uno mismo, es uno mismo.
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Roberto Aizenberg decía que uno tiene que mantenerse delgado, sin una gota de grasa. Si bien hay un propósito estético, él iba más allá y sostenía que quien es delgado se aproxima, en su obra, a lo esencial, a lo fundamental. Soy delgado, hubo momentos en mi vida que mi cuerpo orilló el extremo admisible con lo peligroso que eso resulta. Si alguna vez, por algún motivo, engordase más de lo aconsejable seguro me angustiaría. Me obsesiona el paso del tiempo, no hablo de la actual desesperación por aparentar juventud de cualquier modo; es otra cosa, más sutil, algo complejo que, en el fondo, esconde un gran temor a morirme. Lawrence dijo que no le temía a la muerte sino a morirse. Hago mío ese pensamiento.
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Soy una criatura urbana. Siempre viví en ciudades, pequeñas o grandes. En el campo, sobre todo de noche, me viene el temor a los espacios siderales de los que habla Pascal. Me fascina Buenos Aires. Me fascinó Amsterdam, cuando la visité. Hace tiempo me atraen los que algunos dibujan o pintan en las paredes, con significaciones más o menos profundas, más o menos graciosos. Una vez me hice fotografiar delante de un muro, en Tandil, donde había un enorme dibujo de un coleóptero.
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Con Wittgenstein, pienso que ética y estética es una misma cosa. No concibo una sin la otra. Pessoa afirmó que escribimos mentiras que constituyen verdades. Es extraño esto de que el arte es una invención, una mentira y, sin embargo, emociona, llena de preguntas, sirve de espejo, de vía hacia claridades, transformaciones.
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Siento admiración por Leonardo, ahora víctima de novelistas y mercados editoriales. Hace poco releí su biografía por Marcel Brion. El obstinato rigore leonardesco fue divisa de Valéry. Es mi divisa también.

martes, diciembre 18, 2007

Las palabras pueden. Los escritores y la infancia. Unicef, WFP, OCHA, OIM, PNUD, 2007

Esta obra es el resultado de un llamamiento especial que hicimos desde UNICEF a los más destacados poetas y escritores de América Latina, el Caribe, España y Portugal.

Nils Kastberg, Director Regional de UNICEF para América Latina y el Caribe
de la Introducción

Edición: Jerome Seregni, Guillermo Mirecki Quintero y Raquel Delgado Rivera.
Idea de portada: Sarah Cousineau.
Diseño de interior: Anna Berardi, Sarah Cousineau y Paola Reyes.
Grabados en color: Irene Ottoboni iottoboni@yahoo.it
852 p.

Ensayos: Jorge Enrique Adoum, Jorge Edwards, Rosa Montero, José Saramago, Fernando Savater, Raúl Zurita, Mario Vargas Llosa, Carlos Fuentes, José Manuel Caballero Bonald, entre otros. De Argentina: Luis María Pescetti y Ernesto Sábato.
Cuentos: Isabel Allende, Arturo Arango, Carlos Germán Belli, Mario Benedetti, Eduardo Galeano, Àlvaro Mutis, Nélida Piñon, Elena Poniatowska, Gabriela Trujillo, entre otros. De Argentina: Federico Andahazi, Marcelo Birmajer, Martín Caparrós, Fabián Casas, Laura Devetach, Juan Gelman, Mempo Giardinelli, Gustavo Roldán y Ema Wolf.
Poesías: Claribel Alegría, Gioconda Belli, Ernesto Cardenal, Elsa Cross, Ledo Ivo, Floriano Martins, Thiago de Mello, Nancy Morejón, Gonzalo Rojas, entre otros. De Argentina: Rodolfo Alonso, María Teresa Andruetto, Carlos Barbarito, Jorge Boccanera, Leónidas Lamborghini, Esteban Moore y Rolando Revagliatti.

viernes, diciembre 14, 2007

Gustavo Tisocco. Entrevista a Carlos Barbarito

¿Qué es para usted la poesía?

Si realmente lo supiera, no escribiría poesía. Si realmente tuviéramos conciencia de lo que significa echarse a dormir y soñar, tal vez no dormiríamos. Además, definir es acotar, limitar. Y eso lo hacen los diccionarios.

¿Podría usted contarnos un poco de su vida, de sus obras publicadas, sus premios, su actividad literaria?

Contar de mis obras, premios y actividades sería fatigoso –hace más de treinta y cinco años que escribo y publico-. No quiero cansar al lector. A quien le interese, hay abundante información en la red. Ahora, acerca de mi vida puedo decir que es tan solitaria como populosa, aunque parezca esto una contradicción. Sí, lo confieso, soy neurótico, algo obsesivo, perfeccionista.

¿Cuándo empezó a escribir? ¿ por qué?

Si mal no recuerdo, a los diecisiete. Supongo que se trató del resultado lógico, o ilógico, de tantos años de lecturas. Aunque hasta ese momento soñaba con ser futbolista o músico.

¿Cómo definiría a su poesía?

Creo que Eduardo Espina, Jonah Gabry, Guillermo Fernández y Yolanda Ortiz Padilla, entre otros, quienes escribieron sobre mis poemas pueden decir de mi poesía mejor que yo. Yo apenas si puedo decir que siempre estoy escribiendo el mismo, interminable poema.

¿Qué autores influyeron en su poética?

Al principio Vallejo; luego Trakl, Michaux, Eliot, Montale, Wallace Stevens, entre otros. Borges, no me olvido de él. Y un sinnúmero de lecturas, algunas de las cuales ni sospecho la influencia que tuvieron en mí, desde alguna crónica de viaje en globo hasta un tratado de física de fines del siglo XIX que me regaló mi abuelo.

¿Cuál es el fin que le gustaría lograr con su poética?

No lo sé. Si no escribo enloquezco.

¿Qué poema elegiría usted si tiene que optar por uno en especial? ¿Por qué?

Mujer con violonchelo. Lo transcribo:

Desde el cuarto contiguo,
madera y metal vibran,
como vibra al unísono su carne.
Sin desnudarse, de todo lo superfluo
se despoja. Armonía
que la hace a quien la crea
una entre todas las cosas
y convierte al resto en un espejo
que con distorsión
la refleja. Ahora
es un final de exilio
sobre cuerdas que regresan
al día anterior a las cenizas;
al oír puedo decir yo soy
en lugar de yo fui
y encontrar presencia
donde reinaba la privación, la falta.

Lo elijo porque en este poema creo logré algo, alguna cosa.

¿Cómo ha cambiado su lenguaje poético a lo largo de los años?

Creo que maduró, adquirió más consistencia y peso.

¿Para usted se nace o se hace escritor?

Se hace. A fuerza de constancia, trabajo, fatigas, insomnios. Es una labor muy difícil, pero posible.

¿Qué consejos le daría a un joven escritor/escritora que se inicia en este bello camino de la PALABRA?

No soy de dar consejos. Pero por una vez lo doy. Hay dos caminos, uno, taparse los oídos para no oír los cantos de las sirenas y seguir viaje sin problemas; otro, oírlos y que la nave se estrelle contra las rocas. Alguna vez pensé que el primero era el adecuado. Ahora pienso que el segundo también forma parte de la aventura poética. Las sirenas son hermosas y cantan muy bien. ¿Qué es cada poema si no un estrellarse contra los arrecifes del que se sale herido pero, paradójicamente, más vivo que antes, decidido…a un nuevo poema, a un nuevo naufragio?

¿Cómo ve usted actualmente la industria editorial?

En poesía, no la veo.

Si tendría que recomendar un libro de poesía, prosa, cuento, novela etc ¿Cuáles recomendaría?

Mis libros amados: El pesanervios/El ombligo de los limbos, de Antonin Artaud; Ecuador y Un bárbaro en Asia, de Henri Michaux; La tierra baldía, de T.S. Eliot; Huesos de jibia, de Eugenio Montale; Las olas, de Virginia Woolf; Moires, de Pierre Jean Jouve; El visitante y otras historias, de Dylan Thomas; Trilce, de César Vallejo…Esta lista es incompleta.

¿Qué opina de las nuevas formas de difusión de la palabra, ya sea en páginas de Internet, foros literarios cibernéticos, revistas virtuales, ñusleter, blogs etc?

Ahora son esenciales, fundamentales.

Por último ¿Quiere usted agregar algo?

Sí, un pasaje de Pierre Jean Jouve:


No hay nadie en este país. Todo es aquí pérdida, fantasma, ausencia después de la muerte. Ni siquiera existe esa pena de la que hablé. Una vez más se trata de que el terrible conflicto no mate al poeta.

Publicado originalmente en Entrevistas a mis poetas contemporáneos

Reproducido, bajo el título de Siempre estoy escribiendo el mismo poema, en El Corredor Mediterráneo, Río Cuarto/Río Tercero/San Francisco/Villa María, Córdoba, Argentina, Nro. 261, mièrcoles 19 de diciembre de 2007. Ilustraciones de Eduardo Santellán y fotografía de Karina Barg.

jueves, diciembre 13, 2007

Carlos Barbarito. Noticias de mi prehistoria

Ayer ingresé a Libros de Google y, al colocar ni nombre y apellido, tuve la sensación de que leía noticias de la prehistoria. De mi prehistoria. Si bien mi bibliografía, por decisión personal, se inicia en 1984 con Poesía quebrada, que compone aquella colección titulada Mano de obra dirigida por Alberto Luis Ponzo, anteriormente publiqué cuadernillos, desplegables y plaquetas. A estas ediciones las llamo yo prehistóricas, previas al volumen donde, considero, logré al fin algo, alguna cosa. Hasta ese momento sólo esbozos, tentativas, cuando no poemas de facturas de inmediato olvidables. Claro, esas ediciones existen y, ahora me entero, habitan los anaqueles de ciertas bibliotecas públicas. Además, hallé antologías y volúmenes grupales, algunos de los cuales recuerdo, más como una anécdota que otra cosa, y otros que había olvidado por completo. Poesía 80, por ejemplo, donde compartí páginas con Miguel Grinberg, Alberto Nigro, Miguel Millara, Marcelo Marcolín, Néstor Perlongher y Alejandro Salguero. La presentación tuvo lugar en el CAYC, en Buenos Aires, creo que una mañana, hace veintisiete años. El sello editor, La cebra dormida, fue una idea de Marcolín. Otro libro que publicó el sello fue Un muro rodeado de jardines, de Miguel Millara. Por aquellos días, de amarga, dolorosa memoria, participé en otro volumen colectivo, Encuentro, publicado por Ediciones Delanada, a cargo del santafecino Roberto Aguirre Molina. De este libro no logro recordar nada, ni siquiera quienes me acompañaron. En cuanto a mis mínimas ediciones están casi todas: Música de cámara, El teatro y la demencia, El gabinete del Doctor Calegari...

miércoles, diciembre 12, 2007

Carlos Barbarito. Enciclopedias

La palabra enciclopedia me remite a Raymond Queneau, novelista, poeta, autor de obras diversas y director, en los 50, de la Enciclopedia de la Pléiade. Queneau cuenta que, a los quince, leyó, de la primera a la última línea, el tomo I del diccionario Larousse de siete volúmenes. En numerosos artículos, entre ellos Presentación de la Enciclopedia y Para volverse enciclopedista, Queneau da cuenta de los riesgos,sinsabores y gratificaciones de emprender la publicación de tales obras. Las palabras loco y locura aparecen en numerosos pasajes. Pero enciclopedia me remite también a la niñez, cuando leía viejos atlas geográficos, diccionarios, enciclopedias y libros de viajes. Todos con un invencible olor a humedad que, lejos de desagradarme, me gustaba. Para mí, ahora lo pienso, era el olor del mundo. En esos volúmenes cabía, en mi cabeza de niño, todo el universo con sus soles, planetas, tierras y aguas, volcanes, plantas, hombres y mujeres, reyes y poetas, obreros. Entonces soñaba con que, algún día, mi nombre estaría entre los de esos pintores, escritores, aventureros, filósofos, profetas, gobernantes y botánicos. No sabía entonces de qué modo, pero estaba seguro de que en alguna de esas páginas, en el futuro, yo habitaría. Acabo de leer que, en una enciclopedia, en la página 900, hay dos líneas que me nombran y nombran uno de mis primeros libros. El volumen es de 1996, de hace once años, y recién lo descubro ahora. Leo:...Carlos Barbarito, autor de Éxodos y trenes, serie de breves poemas de carácter confesional y buen sentido dramático.. Me es imposible explicar lo que sentí cuando me enteré de tal noticia, a la que llegué por azar. Pensé en aquel niño que leía cerca del paraíso, en el patio de tierra, sentado en una sillita de madera y mimbre, y luego cerraba los ojos y viajaba hacia el centro de la tierra, el fondo del mar y Orientes cargados de prodigios y misterios.

Pterodáctilo. Revista de los estudiantes del Departamento de Español y Portugués, Universidad de Texas en Austin. Otoño 2006. Año 4 Número 5.

Artículos: Luis Fernando Chueca, Antonio Eligio (Tonel) y Anita Soo-Young Pak.
Entrevistas: A Ignacio Padilla, por Macarena Areco.
Narrativa: Andrés Neuman y Adolfo Vergara Trujillo.
3x3: España: David González, Daniel Lázaro y José Mascaraque Díaz-Mingo; Perú: César Ángeles L., Victoria Guerrero y Roger Santivánez.
Poesía: Carlos Barbarito, Raúl Bueno y Héctor Rosales.
Cine: Emilio Bustamante.
Reseñas.

Fotografías de Xisco Bonnín.
Dibujos de Juan Carlos Quintana.

domingo, diciembre 09, 2007

Carlos Barbarito. Zeven Winters. Copyright vertalingen © Stefan Beyst 2007

(Aan Alejandro Puga)


I

Op reis nog altijd? Vertrekken
naar wat niet kan gekend?
Aan boord van welke trein,
of boot, te voet? Is het mogelijk
nog, heeft het enige reden,
enige betekenis? Of blijft
alleen de gewoonte van levend te zijn,
te ademen, zich te herinneren
dat het ooit was en nu niet is?
Kan dat het leven zijn
en niet de dorst naar de zee
in volle woestijn, de droom
van een vrouw temidden van schaduwen,
van muziek in volle stilte?


II

Maar er is het vuur, dat zuivert. En
de duistere waarheid onder de modder.
Een onooglijke deugd na de schaamte.
Uren in de duisternis en één ogenblik
in het aanschijn van een licht dat verblindt.
Wat men kan weten en wat men niet kan weten.
De splinter, de paradox, het spoor.
De hand kneedt wat de mond niet zal eten.
De mond bijt wat hij zou moeten kussen.
Duistere vissers op verschroeide zandvlakten.
Duistere schipbreukelingen op binnenkoeren van cement
Wat doemt op uit de aarde.
Wat cirkelt rond de vermoeidheid.
Wat vergaat tot as.


III

Door de kier ontdekt het oog
wat de muren al wisten,
de wortels. En onnodig is het woord.
En loos is het spel van het kind in de modder.
Want uiteindelijk vindt niets in zichzelf
zijn voedsel, niets bereikt
wat het najaagt, niets verandert van gedaante.
Nog de lucht heeft gewicht.
Nog ballerina's sterven in het vuur.
Nog de vis eindigt in het net of in de theologie.


IV

Hoe zal ik haar noemen? Zus,
masker, wolvensnuit,
bron of dak, spiegeling, laurier,
demon? Ik voel
dat om het even welk woord zou volstaan,
maar dat geen enkel haar kan bereiken
daar waar ze wordt geboren en bestaat.
Ze vlucht, ze verdwaalt in de nevel.
Ze is achter mij, in de spiegel.
Ze leeft op onbepaalde hoogte, onmeetbaar.
Ze heeft geen gewicht, maakt de weegschaal overbodig.


V

Bevriezen zullen onze geheugens
als de aarde die we betreden droog is
Bevriezen zullen voor onze ogen de golven,
de Melkweg, het boek, de bliksem.
Hoe het vermijden? Hoe
vermijden dat ons overkomt
wat ons zal overkomen?
Waarom op elk strand,
als het donker wordt, het kreng van een vis,
en tussen de melkwegen, een duistere Melkweg
die geen klank en geen licht meer uitstraalt?
Waarom kunnen niet eeuwig zijn
het bewegen van de zwemmer tussen de golven,
de geur van de rozen in de tuin,
onze beelden weerspiegeld in plassen en spiegels?


VI

Hij dompelt zijn hand in de schaduw
en denkt, voor één ogenblik slechts, dat het water is.
Hij droomt niet.
Hij droomt van een marionet in de regen.
Hij sterft en ontwaakt in dezelfde kamer,
onder hetzelfde laken.
Buiten, bijen tussen de bloemen,
verre kreten van honden,
die hij ziet noch hoort.
In de ochtend, als altijd,
zal er een roepen zijn dat hij niet zal horen,
en, van de andere kant, opnieuw,
wellicht voor de laatste keer,
een zuivere mond, een hemelse en zuivere muziek:
waarom gaan we niet naar de zee,
waarom leggen we in de zee onze kleren niet af.


VII

Dit is het huis. Niet alleen geloof is het,
noch droom, noch wil, noch verlangen.
Het is zware en harde materie:
de ene steen op de andere,
dagen en nachten, en dat voor jaren.
Een schaduw in een vod
volstaat niet als minnares of zuster:
zal het verlangde worden geboren uit het diepste van de aarde,
na verloop van deze uren,
als het onweer nog aanwakkert?
zal dan het geëigende tijdperk komen,
het ogenblik om honger en dorst te hebben
en te vinden met gesloten ogen?

http://www.dse.nl/~krott/

viernes, diciembre 07, 2007

Carlos Barbarito. Sept Hivers. Traduit par Chantal Enright et Elina Julia Kohen

( À Alejandro Puga)


…And wingless truth and larvae lie
And eyeless hope and handless fear…
Edith Sitwell

I.

Encore le voyage? Partir
vers l’inconnu?
à bord de quel train,
de quel bateau, à pied ?
Cela est-il encore possible,
y-a-t-il une raison,
un sens? Ou ne reste-t-il
que la résignation d’être vivant,
de respirer, de se souvenir
qu’une fois il y eut et qu’à présent il n’y a plus?
Cela peut-il constituer la vie
et non pas la soif de mer
en plein désert, le rêve d’une femme
parmi les ombres,
d’une musique au cœur du silence?


II.

Mais il y a le feu qui purifie. Et
l’obscure vérité sous la fange,
quelque vertu minime après la honte.
Des heures dans l’obscurité et un
instant face à une lumière aveuglante.
Le savoir et l’ignorance.
L’écharde, le paradoxe, l’éperon.
La main pétrit ce que la bouche ne mangera pas.
La bouche mord ce qu’elle devrait embrasser
D’obscurs pêcheurs sur des sables brûlants
D’obscurs naufragés dans des cours de ciment
Que surgit-il de la terre ?
Qu’est-ce qui orbite la fatigue ?
Qu’est-ce qui s’enfonce dans la cendre ?






III.

À travers la fente, l’œil découvre
ce que les murs et les racines
savaient déjà. Et inutile est le mot,
Et vain est le jeu des enfants dans la fange.
Car finalement rien n’obtient l’aliment
de soi-même, rien n’atteint
ce qu’il poursuit, rien ne se transfigure.
Même l’air a son propre poids
Même les danseurs meurent dans le feu
Même le poisson fini dans les filets ou dans la théologie.


IV .

Comment devrais-je l’appeler?
Sœur, masque, museau de loup,
puits, tuile, reflet, laurier,
démon ? Je sens
que tout mot pourrait convenir
mais qu’aucun ne peut l’atteindre là où
elle naît et réside.
Elle s’enfuit, s’égare dans la brume.
Elle est derrière moi dans le miroir.
Elle vit à une hauteur indéfinie, sans mesures.
Elle est sans poids et rend inutile la balance.


V.

Nos mémoires gèleront lorsque la terre
que nous foulons sera sèche.
Sous nos yeux gèleront les vagues,
la voie lactée, le livre, l’éclair.
Comment l’éviter? Comment éviter
qu’arrive ce qu’il devra nous arriver?
Pourquoi sur toutes les plages,
au soir, un cadavre de poisson,
et parmi les galaxies, une galaxie obscure
qui n’émet plus ni son ni lumière?
Pourquoi ne peuvent-ils être éternels,
le mouvement du nageur entre les vagues
le parfum des roses dans le jardin
et nos images dans le reflet des flaques et des miroirs?





VI.

Il plonge sa main dans l’ombre
Et la prend pour de l’eau un instant.
Il ne rêve pas.
Il rêve d’un mannequin sous la pluie.
Il meurt et se réveille dans le même lit,
sous la même couverture.
Dehors, des bourdons dans les fleurs,
de lointains aboiements de chiens
qu’il ne voit ni n’entend.
À l’aube, comme de coutume, un
un appel auquel il ne répondra pas
et,de l’autre côté, à nouveau
et peut-être pour la dernière fois,
une bouche pure, une musique céleste et pure :
Pourquoi n’allons nous pas vers la mer,
Pourquoi ne pas nous déshabiller dans la mer.


VII.

Voici la maison. Ce n’est pas seulement
la foi, ni le rêve, ni la volonté, ni le désir.
C’est une matière dure et drue
une pierre sur l’autre,
jours et nuits, pendant des années.
Une ombre à l’intérieur d’un chiffon
ne suffit pas comme amante ou comme sœur.
Le désir naîtra-t-il du fond de la terre,
au bout de ces heures,
au plus fort de la tempête?
Sera-t-il alors l’âge propice,
le moment d’avoir faim et soif,
de trouver quelque chose les yeux fermés?

Françoise Roy. Un fuego bajo un cielo que huye: Carlos Barbarito hilando con madurez su decoro poético

Cuando Andreas Vesalius, el célebre anatomista flamenco, autor del libro Sobre la estructura del cuerpo humano que revolucionó el conocimiento de la anatomía humana basándose —al contrario de la costumbre medieval que privilegiaba los libros de texto y los escritos de Galeno— en la observación directa que le proporcionaban las disecciones de cadáveres de condenados a muerte, ignoraba que casi medio milenio después, un poeta argentino habitando un país que en aquel tiempo aún no existía, escribiría: Corta materia inmóvil/inútil eco de antiguo, ardoroso amor/entre raíces. Corta/como quien siente piedad/por un animal enfermo,/por una hoja que cae/como caen un astro, la inocencia. Así son los intríngulis de los laberintos epistemológicos que recorren los lugares y las edades. En poesía —si hay un campo del saber alejado de las autopsias para fines educativos que realizaba Vesalius, éste es y ningún otro— no sólo hay imaginación, no sólo creación, sino también la invocación de un vasto acervo de conocimientos, tanto objetivos como fantasiosos, que atraviesan el tiempo y ligan a todos los seres pensantes en una vasta comunidad intangible. Sin embargo, al contrario de numerosas manifestaciones del saber, la poesía se permite e incluso alienta, más que cualquier otro campo, la duda: un poema es una mancha de ácido sobre la pantalla perfecta de la retórica y este poemario, Un fuego bajo un cielo que huye, es una más que honrosa contribución a esa virtud de la poesía que consiste en cultivar la duda. Todos sus versos lo confiesan abiertamente mediante una lograda estructura oximorónica: Ya no sé si traigo vértigo o estrella fija. [...], efímero rastro de lo incierto en la brutal certidumbre del tiempo [...], sí, solo y desconocido el cielo, pero más sola y desconocida la tierra. [...] Quién irá [...] a la casa donde llueve aunque tenga techo, bajo la mirada de un dios siempre singular, tan virgen como hambriento. Al preguntarse si una piedra puede florecer o en qué nos transfigurará el tiempo, el autor no nos da el bálsamo de la certeza sino que nos envuelve en telarañas léxicas que nos pierden tan delicadamente en senderos líricos.
Más podría decirse de esta bitácora de seres animados e inanimados, oriundos del mundo humano, vegetal, animal y mineral, pues no obstante su alta estirpe, Vesalius no es el único personaje de tiempos pretéritos que surge en los versos de Barbarito: personajes tan disímiles como Leonardo Da Vinci, Albrecht Dürer, Francis Bacon, las suicidas Virginia Woolf y Anne Sexton intentan ahí efímeras apariciones que rozan la epifanía, compartiendo el lecho de papel con figuras menos densas —muertos, alquimistas, amadas apenas insinuadas, hitos de la geografía terrestre que casi se vuelven seres vivos—y bajo la pluma sensible del autor, lo hacen tan bien que el lector queda acorralado entre el sí y el no, entre enumeraciones que le brindan un ritmo extraordinario al texto, una musicalidad de percusión: No entiende ni lo uno ni lo otro. Ni la respiración, lo que la corriente deja en la orilla. Ni la zarpa, la sequedad, la tisis, la persecución, el pozo. [...] Empalizada, guarida, trompeta, palafrén, adolescencia, librero y librería, júbilo, Eritrea, hechicero, Proust, bosque, interior, invisible, oración, despeñadero, voluntad, apego carbón, ámbar, camino, espejo, viento que se respira, libro, azucena,[...] esbozo de amada o serpiente, ¿estrellas, nardos?, perfil y pulso, orilla nebulosa, relámpago, [...] la duda, la precisión, lo baladí y lo bello, los teatros en llamas, el peso del aire, la hierba, los frutos, la leña atada, un cincel, el idioma. Un cortejo de sílabas que se acomodan perfectamente, como en una comitiva lingüística que supiera combinar, lo más estéticamente posible, los colores y las formas, las texturas y los tamaños, los distintos grados de luz. Hasta las ciudades ahí se vuelven a su vez joyas sonoras: Amberes, Mazatlán, Abidjan, Chennai. Barbarito nunca olvida que la poesía no sólo es un hábil juego de ideas sino un experimento con los sonidos: Abies pectinata es el simple nombre científico de un árbol, pero ¡cuán elegante suena en latín!
Entre preguntas sin respuestas y el tamborileo de las palabras, este libro se va desplegando como una alfombra roja. Pese al tono reiteradamente interrogativo del texto, el autor no renuncia a que la búsqueda emprendida brinde frutos: [...] Jamás rechazar, negarse, erigir un muro de piedra sobre piedra ante lo que, invisible y obstinado, se multiplica en voces y exige para cada una recepción y aposento. Este enunciado podría ser la médula de sus páginas, si éstas tuvieran, igual que los cuerpos abiertos de Vesalius, una columna vertebral, órganos adentro. Y entonces no quedará nada capaz de contenernos vivos, ambos en extremos opuestos (el sí y el no, la duda y la afirmación), [...] pero de un mismo y prolongado hilo (que se antoja la larga cadena de los descubridores, ya sean poetas o anatomistas). Un fuego bajo un cielo que huye, como todo poemario que se respeta y cumple cabalmente con su cometido de conmover —en su sentido etimológico de agitar o mover violentamente— es uno de pocas certidumbres, pero cuando afirma, lo hace de manera contundente: Los padres mueren. De una muerte de peste de fruto, envueltos en las mismas sábanas en las que nacieron. Y el poemario se vuelve sin duda, para retomar las propias palabras de su creador, en la seda y en la luz, una parábola.



Françoise Roy nació en Quebec, Canadá, en 1959. Estudió geografía con diplomado en Estudios Hispánicos en la Universidad de Florida (M.A., 1983). En 1997, recibió el Premio Nacional de Traducción Literaria de México, y en 2002, el Premio Nacional de Cuento Victoria de las Mercedes (México D.F.). Ha publicado los siguientes poemarios: A Flor de labios (plaquette, Universidad Michoacana, 2002), Iridio (El Cálamo, Guadalajara, 2000), Razones para la redención del zafiro (Filodecaballos, Guadalajara, 2003), Si acaso hubiera/Si par hasard il y avait, en coautoría con Karla Sandomingo (El Cálamo, 2003), El Velo Uno/Le Voile Premier (Mantis Editores/Ecrits des Forges, Guadalajara, Trois-Rivières, 2003), Atrás de la máscara (Instituto Mexiquense de Cultura, Toluca, 2004), y Sueños en forma de laberinto/Rêveries en forme de labyrinthe (Ediciones Arlequín/Ecrits des Forges, Guadalajara, Trois-Rivières, 2005). Fue becaria 2004-2005 del Programa de Estímulos a la creación artística implementado por la Secretaría de Cultura de Jalisco y el CONACULTA. Desde 2000, escribe en el suplemento cultural Acento del periódico La Voz de Michoacán. En 2000, obtuvo el Diplomado en Traducción de la O.M.T. Capítulo Occidente. Es miembro del taller de traducción literaria de la Universidad de Guadalajara. En 2002, fundó la revista mensual de arte y cultura Tragaluz, de la cual es editora. Ha traducido más de una veintena de libros, y una obra de teatro de Fernando Del Paso. En 2005, publicó en francés la novela Si tu traversais le seuil (editorial L’instant même, Québec), por la cual obtuvo el premio Jacqueline Déry-Mochon 2006. En 2005, fue finalista del premio Acento de cuento breve.

martes, diciembre 04, 2007

The Salt River Review Volume 10, Number 2, Fall 2007

Poetry


Carlos Barbarito
Seven Winters - translated by Jonah Gabry


Mario Benedetti
12 Haiku -translated by Carlos Reyes


Pablo Antonio Cuadra
The Mango Tree - translated by Greg Simon and Steven F. White


Julie R. Enszer
Shopping In Bangkok

Jerry Mirskin
Morning

Lee Passarella
Dante's Confession, after Inferno, Canto V

Jami Macarty
Pursuit & Entrapment

Doug Ramspeck
Tupelos

Tad Richards
Digging

Matt Sadler
Waxwing

Elizabeth Laborde
Alaskan Sun
Among Natives

Steve Trebellas
Everything Rises From Here

Lisa Steinman
Cold Spring

Fiction

Denis Emorine
Three fictions

Tsipi Keller
Four fictions

Norman Lock
from Pieces For Small Orchestra

Andrea Fitzpatrick
Instructional: How To Kill Your Lover(s)

Entrevista de Pablo Giordano a Carlos Barbarito

¿Es verdad que la poesía está subvalorada con respecto a otros géneros?
La cuestión es quien establece la escala de valores. Y en el negocio editorial es el mercado, si no no sería un negocio. Se publica, salvo excepciones, prosa y dentro de la prosa, novela y libros de autoayuda, biografías no autorizadas. Un poeta, Guillermo Boido, dice que la poesía no se vende porque no se vende. Los poetas, los que escribimos poesía, somos seres humanos, no abstracciones, y hacemos lo que podemos, nos equivocamos, cometemos torpezas, nos contradecimos. Un poeta actúa a través de las grietas, de los intersticios, no porque lo quiera, lo obligan a ello. Generalmente, y al decir generalmente me expreso con suavidad, fracasa. Fracasamos. La única estética posible es la del fracaso, dice Cocteau. Y dice Keith Jarrett, frase que le gusta repetir al poeta y pintor Alejandro Puga, no hago lo que quiero, hago lo que puedo. A veces siento que hay un elefante enfrente y yo dispongo de una cerbatana. La cerbatana es mi poesía. Disparo contra esa masa de carne endurecida por los siglos. En la Biblia se lee: Dura cosa es dar coces contra el aguijón.

¿La poesía se ha elevado demasiado en su forma o son los lectores los que han descendido?
En los setenta se acostumbraba a decir que el arte debía bajar al pueblo. Yo me imaginaba al arte como una especie de satélite en órbita alrededor de la tierra que debía ser atraído mediante artes magnéticas. Una nave construida por alienígenas o por ciertos elegidos que miran al mundo desde arriba a través de las ventanillas. Hago poesía. Desde hace más de treinta y cinco años. No provengo de Marte y mi padre es telegrafista jubilado, mi madre ama de casa. Trabajo durante horas en una biblioteca. De elegido nada. Además, ¿quién se supone es el elector y bajo qué parámetros actúa? ¿La Academia de Letras, el mercado, alguna sociedad de escritores, un partido político? Un escritor es el resultado de experiencias y lecturas, de azares y elecciones, de dolores, insomnios y malentendidos. Hay ocasiones en las que pienso que debí ser ferretero o jardinero, no esto. En otras, bendigo mi oficio o arte. Ya lo dijo Cortázar hace años, la preocupación no es por los escritores, es por los lectores, sobre todo los jóvenes cercados y envilecidos en masa, empujados al peor de los mundos.

¿Qué es un buen lector?
¿Un buen lector? No soy yo. Soy un asistemático, anárquico, desesperado devorador de libros. Leo a los saltos, de atrás para adelante.

¿Qué opinión te merece la literatura al estilo Codigo Da Vinci; o la ficción con frágiles pretensiones de no-ficción?
Amo lo suficiente a Leonardo como para prestarle alguna atención a ese libro. Sí, es ficción pero vendida como si se tratase de una especie de verdad revelada. Y en ello radica la vileza.

¿Qué es un buen escritor, y uno malo?
Supongo que el buen escritor es quien escribe literatura auténtica, en el sentido de auténtico como cosa que puede sostenerse en sí misma, sin necesidad de algo exterior (escándalos, relaciones públicas o premios más o menos serios).


¿Abordamos diferente la lectura de texto según el soporte donde se ha publicado, por ejemplo, leemos igual un blog que un libro?
Sí, supongo que sí. No es lo mismo una pantalla que el papel. Lo extraño es que casi nunca escribí un poema a mano. Primero a máquina y luego en la computadora. Tal vez sea porque me permite tener una idea de la disposición que tendrá el poema cuando esté impreso. O, también, una velada forma de locura.


¿Hacía dónde va llevar Internet a la literatura?
No lo sé, no soy futurólogo. Eso del vate, el poeta como vaticinador, como profeta es un mito. Otro más.

¿Qué pasará con los libros de papel en unos años, cuando se instale en el mercado la hoja digital?
La misma pregunta se la hicieron los que usaban papiro o pergamino cuando llegó el papel. Aunque, claro, el salto ahora es inmenso. A veces pienso que los libros serán un objeto de museo, otras veces los siento capaces de dar batalla y vencer.¿Y si hubiese una vía media, el papel y lo digital compartiendo espacios en la cultura, cada una con su especifidad y alcances?

La cultura de la imagen cada vez gana mayor terreno, sin ir más lejos, muchos chatean con dibujitos en vez de escribir las palabras. ¿Cuál es el valor de la palabra como "símbolo" u "objeto"? ¿Hacia dónde avanza o retrocede la comunicación con palabras?
La comunicación es un fenómeno dinámico, cambiante, vital. Se mueve en muchas direcciones. Mal que le pese a la Real Academia, las palabras no se quedan quietas y obedientes en el diccionario. La cultura de la imagen no es un hecho nuevo, pensemos en las cavernas de Altamira o en los frescos de Pompeya, algunos pintados para solaz de ciertos erotómanos. Claro, asistimos a cambios profundos, radicales yante ello tenemos más dudas que certezas.

¿Qué pensás de los talleres literarios? ¿Y de la edición de los textos?
Nunca asistí a ninguno. Tuve algunos a mi cargo para algún dinero extra. Fracasé. O no, algunos amigos provienen de aquellos días. Me perdonaron, incluso hasta me quieren.

¿Qué es volverse loco con un libro?
Es cien veces mejor volverse loco por una mujer. Ahora, libros que me produjeron un tremendo impacto son varios, pero hay tres que puedo nombrar sin equivocarme al respecto: El ombligo de los limbos de Artaud, Una temporada en el infierno de Rimbaud y Viaje al centro de la tierra de Julio Verne, mi otro padre. Agrego uno más, Alicia en el País de las Maravillas de Carroll.

¿Qué requisitos debe reunir un libro para volverte loco?
Lo respondí antes, es preferible para volverse loco una mujer que un libro. Un libro puede traer noticias de costas lejanas, de amplios y luminosos océanos, de fuentes de ríos, de animales prodigiosos, incluso de sueños, relámpagos, máquinas y teatros. Pero, ¿cómo superar la imagen de una mujer atravesando un puente, ante un espejo y vista de espaldas, o dejándose alumbrar por la luz de la luna mientras anda por una playa?

Publicada en http://cosasdemimbre.blogspot.com/

lunes, diciembre 03, 2007

Noche, sangre, niebla. Colección de cuadernos del Grupo Némesis.

Noche, sangre, niebla: palabras sugerentes que evocan momentos terribles tanto en el mundo real como en el mundo de la mente.
Los creadores exploran las sombras en un vasto espectro que va desde los asesinos seriales y los desaparecidos hasta las pesadillas de mujeres comunes.

Cubierta e ilustraciones: MARIANO GOMEZ

Contenido: LEONOR CALVERA. La fuerza de las palabras / MARTÍN ANDRADE. Eterna
MALENA GAINZA. 27/07/1970 / CARLOS BARBARITO. Hay un pasado / MIRTA HENAULT. Ante el tribunal / DANIEL CHIROM. Oscura claridad / SUSANA CATTANEO. Con cuánta impiadosa ternura / GUSTAVO TISOCCO. Sangre sobre los prados / LUISA VALENZUELA. Como en la guerra / MARÍA DEL CARMEN SUÁREZ. La noche de Leopoldo Presas / YOLÍ FIDANZA. Regreso / FERNANDA GIL LOZANO. Asesinos/cazadores nocturnos / BEATRIZ SCHAEFER PEÑA. Tres Poemas / SUSANA DILLON. Noche de niebla y lobos en Carcassone
ROLANDO REVAGLIATTI. The fog / FRANCISCO SQUEO ACUÑA. Cantora de piedra talampayera / SOLANA PEÑA LASALLE. Todos los días / HUMBERTO ACCIARRESSI. Jack, Londres, Buenos Aires o la historia destripada. / MARTA J. V. ROCHA. Mensaje / MARÍA JUDITH MOLINARI. Duelo en la bruma / OSCAR PORTELA. La hora de los fantasmas / CARLOS KURAIEM. El cuello de la noche / MERCEDES NAVEIRO. Noche y niebla / YADI MARÍA HENAO. Atentado contra la muerte / PATRICIA VERÓN. El desorden de lo azul / JORGE OROZCO. Antes / MARCELO WIMAN. Amor al prójimo / ANAHÍ LAZZARONI. Huesos-Huesos / JULIÁN DEL CAMPO. Kryptos / SILVIA FANTOZZI. Luna de barro / PATRICIA MALDONADO. Las noches de Juana / MARÍA ELENA ROCCHIO. El ocupante / GERMÁN CZEPURKA. Iteraciones / MANUEL MUNILLA. Me perdí en una noche clara / SUSANA FERNÁNDEZ SACHAOS. Noir brouillard rouge.



www.gruponemesis.com.ar/nemesis/cuadernos.htm

domingo, diciembre 02, 2007

Grageas, 100 cuentos breves de todo el mundo

Colección Desde la gente
IMFC, Buenos Aires, diciembre de 2007
En venta en el Centro de la Cooperación, Corrientes 1543. También en las sucursales del banco Credicoop y en puestos de venta de libros en universidades y sindicatos.


Introducción

Sergio Gaut vel Hartman


CUENTOS

Diez ochenta y seis, Gustavo E. Abrevaya

Anathema sit, Daniel Alcoba

Trenes desaparecidos, Cristian Aliaga

Los chicos crecen, Germán Amatto

El sol (XIX), Esther Andradi

Competencia, Olga Appiani de Linares

El poder de la fe, Martha Argel

S.O.S., Erna Aros Pensa

Lecturas, Márgara Averbach

El deunkoza, Edgar Omar Avilés

Orfeo y Eurídice, la realidad, René Avilés Fabila

Descenso, Luisa Axpe

En un día de verano marciano, amor, Helena Bandeira

Bacon, Carlos Barbarito

Currículum, José Ángel Barrueco

Economía, Sandra Becerril Robledo

Biotopía, Bernardo Fernández (Bef)

El sanador, Antonio Bellomi

Destripe, Alejandro Bentivoglio

Mecanografía, Ricardo Bernal

La Franja, Claudio Biondino

Mariposas, Nuria C. Botey

In pelli veritas, Hélène Calvez

La primera vez, Doris Camarena

Ondina, Abelardo Castillo

Todo lo importante, Antonio J. Cebrián

Las ciudades se levantan, Alberto Chimal

La novela perfecta, Francisco Costantini

El precio de la utopía, Roberto de Sousa Causo

Qué ves cuando me ves, Marcelo Di Lisio

Morir en casa, morir despacio, Marcelo Di Marco

Utopía de la bailarina, Pablo Dobrinin

Primer contacto, Hernán Domínguez Nimo

Ya nadie cree en la magia, Carlos Duarte Cano

Cambio, Miguel Esquirol

Suspensión en el aire I, Jorge Etcheverry

Sueños eléctricos, Santiago Eximeno

Teatro nocturno, Marcial Fernández

Tejiendo hechizos, Ruth Ferriz

Enamorada del muro, Zulma Fraga

La memoria de las piedras, Jacques Fuentealba

Quitamanchas, Adam Gai

La Sirenita, Elvio E. Gandolfo

Puta informática, Rubén García Cebollero

Los cuarenta ladrones, Luisa María García Velasco

El señor Tsé es un optimista, Ezequiel Gaut vel Hartman

Percusión, Eduardo Abel Gimenez

Primer Beso, Pablo Giordano

Títeres sin hilos, Ricardo Germán Giorno

La chica plástica, Manuel Girón

Luciérnagas, Vladimir Hernández

Electrofilia, Juan Diego Incardona

Blowin'in the wind, Sylvia Iparraguirre

Sandra, Tatjana Jambrisak

Cenicienta, Leonardo Killian

El manifiesto oculto, Miguel Ángel López Muñoz

Zona de detención, Marcelo Luján

Previsiones para leer a Julio Cortázar, Ángel Maldonado Acevedo

Satori, Leo Masliah

El escritor, Laura Massolo

La libertad, Víctor Montoya

La presencia, Vicente Muleiro

Amigos en un parque, Juan Pablo Noroña

Teorema, Carlos Orsi Martinho

Olor a tierra mojada, José Vicente Ortuño

El hechizo de Van Gogh, Araceli Otamendi

Paraíso perdido, Gloria Pampillo

Extinciones, Pilar Pedraza

El despegue, Jean-Pierre Planque

Al final del camino, Juan Pomponio

Cómo se salvó la humanidad, Khristo Poshtakov

El paseo, Beatriz Pustilnik

Historia de una santa, Rogelio Ramos Signes

Los espejos enfrentados o el énfasis de vivir secretamente, Nela Rio

Mariposa, Ana Cristina Rodrigues

No quiero ser como ellos, Lady Rojas Benavente

Camina despacio, Antonia Romero

Odín, Paula Ruggeri

La creación del perdón, Luis Saavedra

Hombres de barro al sol, Alejandro Sahoud

Narciso 2050, Angélica Santa Olaya

Virtual, Domingo Santos

Todo lo sólido se desvanece en el aire, Saurio

Tecnogamia, Federico Schaffler

En la ciudad vacía, Lewis Shiner

Pájaros, Ana María Shua

De abandonos, Susana Silvestre

El régimen alimenticio de los caballos, Fernando Sorrentino

La oferta del pecado, Patricia Suárez

Doscientas cincuenta palabras, Verónica Sukaczer

Un trozo de cielo, Susana Szwarc

Escribe, respira, escribe, Gabriel Trujillo Muñoz

Generación espontánea, José Ramón Vila (Txerra)

Uno de misterio, Luisa Valenzuela

Frankfurt, Pablo Valle

Los laberintos, Soledad Véliz Córdoba

Reflexión sobre la carestía de la escritura, Joao Ventura

Revelación, Alicia Zavala Galván

Utópolis, José Luis Zárate

Fracasador, Sergio Gaut vel Hartman


Comentario del libro por Isabel Suárez Valdéz