sábado, diciembre 29, 2007

Entrevista a Carlos Barbarito en Tu-pak, Buenos Aires, 1, 2006 (fragmentos)

Picasso decía que el olor del opio era el menos estúpido del mundo. No uso sustancias pero, supongo, los artistas que recurren a ellas lo hacen para alcanzar otros niveles de conciencia. Se me ocurre ahora pensar en la poesía como una sustancia a ser trabajada, filtrada, destilada, asimilada. Aquí estamos en el territorio de la Alquimia. Y en este sentido, como en la obra de los alquimistas, la sustancia con que uno experimenta, la poesía, es algo no ajeno, exterior a uno mismo, es uno mismo.
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Roberto Aizenberg decía que uno tiene que mantenerse delgado, sin una gota de grasa. Si bien hay un propósito estético, él iba más allá y sostenía que quien es delgado se aproxima, en su obra, a lo esencial, a lo fundamental. Soy delgado, hubo momentos en mi vida que mi cuerpo orilló el extremo admisible con lo peligroso que eso resulta. Si alguna vez, por algún motivo, engordase más de lo aconsejable seguro me angustiaría. Me obsesiona el paso del tiempo, no hablo de la actual desesperación por aparentar juventud de cualquier modo; es otra cosa, más sutil, algo complejo que, en el fondo, esconde un gran temor a morirme. Lawrence dijo que no le temía a la muerte sino a morirse. Hago mío ese pensamiento.
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Soy una criatura urbana. Siempre viví en ciudades, pequeñas o grandes. En el campo, sobre todo de noche, me viene el temor a los espacios siderales de los que habla Pascal. Me fascina Buenos Aires. Me fascinó Amsterdam, cuando la visité. Hace tiempo me atraen los que algunos dibujan o pintan en las paredes, con significaciones más o menos profundas, más o menos graciosos. Una vez me hice fotografiar delante de un muro, en Tandil, donde había un enorme dibujo de un coleóptero.
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Con Wittgenstein, pienso que ética y estética es una misma cosa. No concibo una sin la otra. Pessoa afirmó que escribimos mentiras que constituyen verdades. Es extraño esto de que el arte es una invención, una mentira y, sin embargo, emociona, llena de preguntas, sirve de espejo, de vía hacia claridades, transformaciones.
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Siento admiración por Leonardo, ahora víctima de novelistas y mercados editoriales. Hace poco releí su biografía por Marcel Brion. El obstinato rigore leonardesco fue divisa de Valéry. Es mi divisa también.

1 Comments:

Anonymous rrose said...

Comparto su opinión sobre Leonardo. Y tomo nota de ese nombre: Marcel Brion.

Saludos

8:11 p. m.  

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