miércoles, noviembre 14, 2007

Carlos Barbarito. Sobre Húmedo y vertical, de Eduardo Santellán

El hombre es un dios cuando sueña y un mendigo cuando reflexiona. La frase le pertenece a Hördelin. En otras traducciones en lugar de cuando reflexiona se lee cuanto está despierto. Si bien la frase ha sido, y es, harto difundida, no se me ocurre otra luego de enfrentarme con el arte de Eduardo Santellán. Porque estas páginas constituyen un libro de sueños, con todo lo hermoso y terrible que ello significa. Aquí el artista se transforma, como quería Vicente Huidobro, en un pequeño dios, porque al volcar sus sueños va más allá de lo que es, o le dijeron que es, para ser otro, con otras capacidades y otra sustancia. Pero, también, lo dije antes, en este libro de sueños, como acontece cuando soñamos, aguardan lo ominoso, el riesgo, el peligro. En alguna parte leí alguna vez que si un hombre supiese lo que significa soñar seguramente no dormiría. Carroll, en su Alice in Wonderland, nos advierte de ello. Santellán decide arriesgarse y no sólo sueña, nos cuenta sus sueños a través de sus dibujos.

Automatismo, dice el artista para hablar de su método de trabajo. El automatismo nos lleva sin escalas a lo surreal. Porque ambos conceptos son inseparables según Breton, es más: el surrealismo, según uno de sus manifiestos, es automatismo psíquico puro por el que uno se propone expresar, por escrito o de cualquier otra manera, el funcionamiento real del pensamiento. Dictado del pensamiento ajeno a toda fiscalización de la razón, fuera de toda preocupación estética o moral. Aquí me parece más que interesante citar a Pierre Reverdy, el ensueño no es lo estrictamente contrario del pensamiento sino una forma más libre, más incontrolada... Y el ensueño, donde el espíritu se mueve en un mundo de fantasmagorías en el que seres y cosas adquieren un aspecto imprevisto, como afirma Raúl Gustavo Aguirre, es lo opuesto a lo utilitario. Y esto conforma no un lujo -como pudiera creerse-, sino un medio de conocimiento y tal vez uno de los más reveladores.

En estos dibujos hay humor -elemento esencial en lo surreal porque anula el concepto de lo servicial y permite, como escribe Marco Ristitch, sentir la vanidad lamentable, la absoluta irrealidad de todo-, y un apelación a lo maravilloso -cada cosa, por más usual que sea se relaciona con la maravilla-. Humor y maravilla al servicio de un asunto, quizás el más arduo y complejo de todos, el erotismo. Santellán sabe, o sospecha, que, como la poesía, el arte todo, lo erótico no es un fin en sí -mal que le pese a la publicidad y a los encargados de los medios que opinan lo contrario y entonces lo alienan-, sino un desarrollo, un discurso, una vía hacia otros planos, más allá de un estado de cosas que disuelve el humor, espanta al amor, despersonaliza e impide el libre juego del deseo.

Imágenes en http://www.dibujosantellan.com.ar/version_espanol/surrealismo/surrealismoerotico.htm

1 Comments:

Blogger raa said...

Carlooooos! no sabia que eras tan groso! ahora entiendo por que hay tantos libros en tu casa! jaja
un abrazo!
Ramiro (el amigo de Chechu)

2:13 p. m.  

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