lunes, noviembre 12, 2007

Carlos Barbarito. La poesía...

Una noche me sorprendió una tormenta camino a mi casa. Yo regresaba de un viaje desde Buenos Aires -todavía vivía en mi ciudad natal, Pergamino-, a lo largo del camino se habían sucedido los relámpagos y bandadas de luciérnagas volaban en los campos. La naturaleza es eléctrica, recuerdo que pensé. Apenas descendí del ómnibus oí como si se acercaran camiones, un poderoso ruido de muchos motores. Apuré el paso. Al poco trecho, ramas de árboles que se quebraban y caían, cables de electricidad que se precipitaban al suelo, se apagó la luz de la calle y empecé a avanzar a tientas. Fueron pocos minutos que duraron siglos y llegar a casa fue como haber nacido de nuevo. Me fascina la meteorología, pero saber como se producen las tormentas no me ayudó en absoluto. Si alguien me hubiese acompañado entonces y me lo hubiese recordado tampoco -si es que alguien en el mundo pudiese hacer tal cosa en circunstancias como éstas-. De esos instantes en los que las explicaciones son inútiles y todo es ansia de refugio, temor y deseo de llegar lo más pronto posible a casa habla la poesía. Esos momentos, me atrevo a afirmar, son la poesía.