viernes, agosto 17, 2007

Entrevista de Gustavo Tissoco a Carlos Barbarito.

¿Qué es para usted la poesía?


Si realmente lo supiera, no escribiría poesía. Si realmente tuviéramos conciencia de lo que significa echarse a dormir y soñar, tal vez no dormiríamos. Además, definir es acotar, limitar. Y eso lo hacen los diccionarios.


¿Podría usted contarnos un poco de su vida, de sus obras publicadas, sus premios, su actividad literaria?


Contar de mis obras, premios y actividades sería fatigoso –hace más de treinta y cinco años que escribo y publico-. No quiero cansar al lector. A quien le interese, hay abundante información en la red. Ahora, acerca de mi vida puedo decir que es tan solitaria como populosa, aunque parezca esto una contradicción. Sí, lo confieso, soy neurótico, algo obsesivo, perfeccionista.


¿Cuándo empezó a escribir? ¿ por qué?


Si mal no recuerdo, a los diecisiete. Supongo que se trató del resultado lógico, o ilógico, de tantos años de lecturas. Aunque hasta ese momento soñaba con ser futbolista o músico.

¿Cómo definiría a su poesía?


Creo que Eduardo Espina, Jonah Gabry, Guillermo Fernández y Yolanda Ortiz Padilla, entre otros, quienes escribieron sobre mis poemas pueden decir de mi poesía mejor que yo. Yo apenas si puedo decir que siempre estoy escribiendo el mismo, interminable poema.


¿Qué autores influyeron en su poética?


Al principio Vallejo; luego Trakl, Michaux, Eliot, Montale, Wallace Stevens, entre otros. Borges, no me olvido de él. Y un sinnúmero de lecturas, algunas de las cuales ni sospecho la influencia que tuvieron en mí, desde alguna crónica de viaje en globo hasta un tratado de física de fines del siglo XIX que me regaló mi abuelo.


¿Cuál es el fin que le gustaría lograr con su poética?


No lo sé. Si no escribo enloquezco.


¿Qué poema elegiría usted si tiene que optar por uno en especial? ¿Por qué?


Mujer con violonchelo. Lo transcribo:


Desde el cuarto contiguo,
madera y metal vibran,
como vibra al unísono su carne.
Sin desnudarse, de todo lo superfluo
se despoja. Armonía
que la hace a quien la crea
una entre todas las cosas
y convierte al resto en un espejo
que con distorsión
la refleja. Ahora
es un final de exilio
sobre cuerdas que regresan
al día anterior a las cenizas;
al oír puedo decir yo soy
en lugar de yo fui
y encontrar presencia
donde reinaba la privación, la falta.


Lo elijo porque en este poema creo logré algo, alguna cosa.


¿Cómo ha cambiado su lenguaje poético a lo largo de los años?


Creo que maduró, adquirió más consistencia y peso.


¿Para usted se nace o se hace escritor?


Se hace. A fuerza de constancia, trabajo, fatigas, insomnios. Es una labor muy difícil, pero posible.


¿Qué consejos le daría a un joven escritor/escritora que se inicia en este bello camino de la PALABRA?


No soy de dar consejos. Pero por una vez lo doy. Hay dos caminos, uno, taparse los oídos para no oír los cantos de las sirenas y seguir viaje sin problemas; otro, oírlos y que la nave se estrelle contra las rocas. Alguna vez pensé que el primero era el adecuado. Ahora pienso que el segundo también forma parte de la aventura poética. Las sirenas son hermosas y cantan muy bien. ¿Qué es cada poema si no un estrellarse contra los arrecifes del que se sale herido pero, paradójicamente, más vivo que antes, decidido…a un nuevo poema, a un nuevo naufragio?


¿Cómo ve usted actualmente la industria editorial?


En poesía, no la veo.


Si tendría que recomendar un libro de poesía, prosa, cuento, novela etc ¿Cuáles recomendaría?


Mis libros amados: El pesanervios/El ombligo de los limbos, de Antonin Artaud; Ecuador y Un bárbaro en Asia, de Henri Michaux; La tierra baldía, de T.S. Eliot; Huesos de jibia, de Eugenio Montale; Las olas, de Virginia Woolf; Moires, de Pierre Jean Jouve; El visitante y otras historias, de Dylan Thomas; Trilce, de César Vallejo…Esta lista es incompleta.


¿Qué opina de las nuevas formas de difusión de la palabra, ya sea en páginas de Internet, foros literarios cibernéticos, revistas virtuales, ñusleter, blogs etc?


Ahora son esenciales, fundamentales.


Por último ¿Quiere usted agregar algo?


Sí, un pasaje de Pierre Jean Jouve:


No hay nadie en este país. Todo es aquí pérdida, fantasma, ausencia después de la muerte. Ni siquiera existe esa pena de la que hablé. Una vez más se trata de que el terrible conflicto no mate al poeta.

(Publicada en http://entrevistasamispoetascontemporaneos.blogspot.com/)