miércoles, noviembre 01, 2006

CARLOS BARBARITO: ME DIJO RAÚL GUSTAVO AGUIRRE...


Me dijo Raúl Gustavo Aguirre: Debemos ser dignos de lo que escribimos. Pensé de inmediato en Wittgenstein, en su concepción de que ética y estética son una misma cosa. Fue hace mucho, entonces yo era el artista cachorro, o, para no copiar demasiado a Dylan Thomas, el artista pichón. Estaba –esto no cambió en absoluto- imposibilitado para escribir cuento o novela, por alguna razón no podía –no puedo- escribir poemas y, de vez en cuando, algún texto sobre arte o literatura –más acerca de arte, apenas si sobre literatura tengo escrita alguna cosa-. Tal vez la causa esté en mi naturaleza, soy neurótico y mi extrema ansiedad me obliga al aquí y ahora, de una vez y pronto. O, quizás, haya algo más, algo muy profundo que desconozco, como desconozco por qué en los momentos que considero decisivos en mi vida siempre está lloviendo. Cuando escribí mi primer poema, llovía. O, al menos, eso creo. Era sobre el mar, las olas, un puerto. Lo extravié, como extravié muchas cosas preciosas a lo largo de los años. ¿Fatalidad? En mis primeros poemas aparece una y otra vez Está escrito. Ya no. Me aferro a lo que amo para no perderlo. No hay nada escrito en el sentido de que debe cumplirse inexorablemente. Pero me desespero por salvar aquello que amo de la acción del tiempo. Si a algo temo es al tiempo. Pero también sé que el tiempo no se detiene y cada ser y cada cosa serán su presa dentro de un rato o mañana o dentro de tantos años. Yo también. ¿Y mis poemas? Esta duda me angustia y, al mismo tiempo, me sostiene. Ahora, ¿puedo yo escribir sobre mis poemas, decir alguna cosa? Yo digo Es lo que está allí, lo que nombro y no nombro. Puedo, sí, anotar las palabras que fueron apareciendo a través de mis días como poeta: hueso, luego caballo, más tarde agua y todas sus variantes, más tarde luz, y siempre la palabra desnudo. Y nada más. Lo que demuestra que para mí soy yo el más perfecto desconocido. Tan desconocido como el más profundo abismo, del que sólo se sabe de unas pocas criaturas, chatas por tanta presión, que fosforecen por un instante y luego regresan a la oscuridad en la que desde siempre habitan.

Octubre 30, 2006