lunes, junio 27, 2005

Javier Petit de Meurville: Sobre Exodos y trenes de Carlos Barbarito
El ruido de la feria
Hay una confianza elemental en el lenguaje, un decir: lo que digo es, lo que es puedo decirlo. Esta confianza -que genera los clásicos- excluye los momentos de promiscuidad especular en los que el lenguaje se revuelve sobre sí mismo, devorándose la cola. Sus ojos de serpiente.Carlos Barbarito tiene la gracia (¿el don?) de la fe en el lenguaje. En esa fe las vivencias que lo hieren o seducen se transforman a la música mansa del idioma.Exodos y trenes contiene veinte instantes inexplicables que luego se convierten en desvelo, palabra justa y ajustada y finalmente acceden a poema. Es esta fe o este lento ejercicio lo que ha premiado el Fondo Nacional de las Artes al costear la presente edición. Para el autor, Exodos y trenes señala una retrospectiva entre dos fechas: 1976-1985.Nos dice a César Vallejo: me alejaré de tu sombra gigantescacomo el hijo ya crecido se aleja de la sombra de su padreSiento que puedo sostenerme sobre mis piernascortar mi propia madera del árbol de la palabra, y la imagen enseña la instrumentalidad del lenguaje.En la distribución y recolección (hablando de usos) subyace un eco del Borges preferido. Otros ecos son reconocidos expresamente: Pound, Byron, Raúl Gustavo Aguirre. También la amistad de José Kozer y la comprensiva visión de Alberto Luis Ponzo para la introducción que enmarca la lectura del libro dentro del espacio de la pasión. Porque, ¿para qué escribir?para que cuando llegue la más terrible de las horas y en mí todo sea cernido y disueltoante los ojos de mis ojos permanezca intacta la belleza.La confianza en el lenguaje, su prolijo y debido uso instrumental, infrecuente en las nuevas generaciones de este lado del río, nos aleja al autor de otras marcas generacionales como las que aparecen en sus retratos: Es tan terrible sentirse una especie de diosy, al mismo tiempo, un huérfano sin pan ni vino sobre la mesa.Y, por momentos, el extrañamiento puede hacerle decir del decir: Metáforas, filosofías, pitagóricas ecuaciones y no poder ni siquiera resolver el alba.Fatigados por el griterío, las mutilaciones o la violencia de los dogmas, resulta grata la palabra que se desliza con precisión de felino: la imagen exacta, una tranquila apariencia de comunicación sin filtros. Resulta grato, pero en esa comodidad puede parecernos que el texto murmura, sin resolverse entre los ecos y la voz definitiva.Esta duda, este parecer o padecer del lector es territorio de la subjetividad. Intransferible. Doxa. (¿Hay algo que no lo sea?).Carlos Barbarito es un poeta joven a la manera en que son jóvenes los poetas y los escritores en Argentina: hay que pasar la barrera de los treinta para nacer (literariamente). Ha merecido premios y reconocimientos diversos por parte de la periferia, del ruido de la feria: de la institución literatura. Su voz definitiva de alguna manera ya es y aguarda.