viernes, junio 24, 2005

Carlos Barbarito. Sobre Un nuevo continente. Antología del surrealismo en la poesía de nuestra América.

Un nuevo continente (Antologia del surrealismo en la poesia de nuestra América), de Floriano Martins. Ediciones Andrômeda. Costa Rica. 2004.
¿Surrealismo, todavía? -podría preguntarse el lector-. Respondo con otra pregunta: ¿Por qué no? Algunos, más de lo que otros querríamos, verán en el surrealismo un espécimen conservado en formol. Así, para su estudio se precisaría, según ellos, un experto en disección. Y, también, un remedo de Linneo para ubicar a esta bestia ya sin vida dentro del sector zoológico-literario del pasado, con un rótulo atado al dedo pequeño de una de sus pies -o patas-. Se olvida que el surrealismo -de un modo casi único, me arriesgo a decir único- dentro del universo del arte fue más que una expresión, fue una interpretación de la vida, un instrumento para el conocimiento, en otras palabras -y como bien anota Aldo Pellegrini- una concepción del mundo. De este modo, al contrario de lo que podrían pensar algunos, el animal respira, vive, nos roza y nos acompaña todavía al cabo de décadas de existencia. La afirmación de una ética, formulada por Breton, es, para el arte todo, y no sólo para el arte, un objetivo insoslayable -ya visto antes por Kierkegaard en el sentido de hacer de ética y estética una misma cosa-.
Alguna vez leí que el surrealismo sólo podía nacer en Francia y dentro de Francia, en París. El que así pensaba daba sólidos argumentos en su favor. Entonces, ¿cómo hacer para dar cuenta del influjo surrealista en América, en Japón, en Egipto? Si bien esta vanguardia tuvo su origen en Francia, a diferencia de otras también surgidas en ese país, el surrealismo, por sus alcances, conformación y objetivos, superó la estrecha condición de arte con tal y cual características para ser un organismo activo, poderoso y sumamente abarcador. Fue, desde sus inicios, de nuevo Pellegrini, un amor concreto lanzado a la lucha activa contra los males que mantienen al hombre sumido en la mentira y la abyección, esas dominantes que subyacen al esquema moral de nuestra sociedad. Y también fuego graneado contra la imbecilidad, la sucia, perversa y siniestra imbecilidad, que tan fácilmente se adueña del poder, y maneja a los hombres y las conciencias.
Dos ideas-fuerza impulsaron al movimiento: la libertad y el amor. ¿Podemos aquí y ahora proponer algo diferente? No, seguro que no. Y en esto radica, me parece, su vigencia. Hacia 1965, Pellegrini decía: Los males denunciados por el surrealismo hace cuarenta años no sólo persisten sino que se han acentuado. Hoy, en 2004, ante la enumeración de esos males que hace el intelectual argentino -falsos esquemas, resquebrajamiento de la sociedad en todos sus planos-, sentimos que el proceso denunciado por Breton y los suyos prosigue y se profundiza hasta lo inconcebible. Libertad y amor, dije. Realización integral del hombre y su frustración de la que sólo se logran esclavos o tiranos; amor concreto -como se vio antes- y no bobaliconada, no beneficencia.
Entonces, es motivo de celebración la edición de esta antología. Lo sé, este libro es fruto de largo y paciente trabajo, de trabajo conjunto aunque en la cubierta aparezca sólo el nombre de su mentor, Floriano Martins. Poetas, artistas plásticos y traductores sumaron su talento y esfuerzo para concebirlo. Se trata de la unión de jóvenes puros -no importan las edades, cuando de estos emprendimientos se trata, como en el momento del amor, siempre se trata de jóvenes puros-. Los antologados son poetas de toda América, desde Argentina y Chile hasta Estados Unidos y Canadá, y la selección me parece acertada y rigurosa. Así, hay un espacio para César Moro, otro para Aldo Pellegrini, otro para Enrique Molina, otro para Philip Lamantia, a quien he visto en libros tanto de surrealismo como dedicados a los beatniks. Ahora bien, que me refute Martins si me equivoco, la influencia del surrealismo es de tal magnitud que agrupar toda la poesía del continente que la recibió llevaría varios volúmenes; aquí, en este libro, se toman en cuenta las cimas, los más valiosos ejemplos, los más significativos. No podía ser de otro modo.
Junto a Molina y Pellegrini, dentro del conjunto argentino, se ubican Julio Llinás, Francisco Madariaga, Olga Orozco -con la que mantuve una breve y enriquecedora amistad- y Alejandro Puga -a quien descubro gracias a este libro-. Sólo para dar noticia más abundante -para los lectores extranjeros y también para los desprevenidos connacionales- traigo otros nombres: Carlos Latorre, Juan José Ceselli, Juan Antonio Vasco. Estos poetas conforman el núcleo más próximo al surrealismo, sus postulados y características, otros si bien presentan marcas surrealistas en sus textos no se constituyen como surrealistas -Ernesto B. Rodríguez, entre otros varios, es más bien nerromántico, pero, afirma Graciela de Sola, el neorromanticismo es una de las formas de la visión surreal-. En Argentina el surrealismo comienza a difundirse en la década del 30. Incluso, opina Antonio de Undurraga, hay autores que, si bien no pueden ser llamados surrealistas, se aproximan al clima onírico y supra-real: Alfonsina Storni, en el caso argentino. No debe olvidarse la lectura pública de García Lorca de su aún inédito Poeta en Nueva York llevada a cabo en Buenos Aires. Hacia 1940 la irrupción del neorromanticismo -que César Fernández Moreno llama confluencia romántico-surrealista- que acoge diversos modos y estilos y una pluralidad de búsquedas que van desde un retórica filo-hispánica y el simbolismo hasta formas próximas al ultraísmo. Orozco, Molina, Bosco, entre otros, componen este grupo. De algún modo vinculado al surrealismo se cita con frecuencia a Oliverio Girondo, también a Enrique Ramponi. Pero, estrictamente hablando, el surrealismo argentino se da en torno a tres publicaciones: Que (1928-1930), A partir de cero (1952-1956) y Boa (1958).
Me hace feliz tener este libro en las manos. Esto por varios motivos: el asunto de las vanguardias constituye mi pasión desde siempre y dentro de los que trabajaron en su publicación hay amigos, Floriano Martins, Alfonso Peña, Fabio Herrera, Claudio Willer. Pero el motivo más importante de todos es que esta edición -bella por cierto- confirma la supervivencia de una idea, de un mensaje, de un deseo -que sigue siendo futuro- de fusión sueño y realidad, realidad absoluta en la que lo maravilloso lo sea todo. Concluyo estas breves líneas con una frase de Breton: ...lo maravilloso es siempre bello, cualquier especie de maravilloso es bello, y no hay fuera de lo maravilloso que sea bello.

Publicado en: http://www.revista.agulha.nom.br/ag42livros.htm